
Las fiestas de prao son el alma de la temporada estival asturiana. No importa si hablas de una gran villa o de una aldea de tres casas colgada de la montaña: pon una carpa, una de las orquestas del momento, barras donde escanciar sin miedo a mancharse las zapatillas y ya tienes el motor de los meses de julio y agosto. Es una forma de entender la vida basada en compartir, en comer un trozo de empanada o un bollo preñao con desconocidos y en brindar con el vecino de al lado.
Pero este ambiente festivo y comunitario no se queda solo en las verbenas nocturnas. En Asturias, la folixa (la fiesta, para los que vienen de fuera) está íntimamente ligada a la naturaleza, al agua y a las actividades de turismo activo.
En el oriente de la región, la tradición no se entiende sin sus ríos. Hay un momento del verano donde el folclore, las camisetas de peñas de colores vivos, los collares de flores de papel y el deporte se fusionan en una de las citas más importantes del país. Hablamos de una celebración que traspasa fronteras y que convierte el cauce fluvial en una auténtica autopista de diversión: el Descenso Internacional del Sella.
Y para vivir este ambiente desde dentro, la mejor opción es meterse de lleno en la aventura. El descenso del sella no es solo una actividad deportiva de primer nivel; es, ante todo, una experiencia social que define el verano asturiano. Durante los meses de verano, este cauce se transforma en el escenario de una de las mayores romerías fluviales del mundo.
No hace falta ser un atleta olímpico para reservar una plaza con alguna de las empresas locales, subir a bordo de una canoa y disfrutar del descenso del sella a tu propio ritmo. El trayecto está pensado para que te dejes llevar por la corriente, parando en los chiringuitos de la orilla a reponer fuerzas con un trozo de empanada o simplemente a charlar con otros navegantes. El ambiente que se respira en el agua es exactamente el mismo que el de las fiestas de noche: compañerismo, risas y un punto de sana locura.
El viaje festivo suele tener un eje muy claro que une el interior con la costa oriental. Si decides bajar el río Sella, vas a conectar dos de los pueblos con más vida veraniega de la zona: Arriondas, el punto de partida donde el bullicio y los nervios se palpan en el aire, y Ribadesella, esa preciosa villa marinera donde el río entrega sus aguas al mar y donde la fiesta se prolonga hasta altas horas de la madrugada.
Para que el descenso del sella sea una experiencia redonda y no termines cansado antes de tiempo, las empresas de la zona, como Cangas Aventura, te proporcionan todo el equipo: la canoa (individual, doble o triple), el remo, el chaleco salvavidas y un bidón estanco donde meter la ropa seca y el pícnic. Además, no tienes que preocuparte por la vuelta, ya que ellos mismos te recogen en los puntos de llegada oficiales para llevarte de nuevo a la base.
Imagina el plan ideal: pasas la mañana paleando entre paisajes protegidos, sorteando los rápidos más divertidos y saludando a la gente que te anima desde los puentes. Al terminar el descenso del sella, después de una ducha reparadora, te espera un buen cachopo para recuperar energías en cualquier llagar o sidrería local. Y al caer la tarde, la música empieza a sonar en el prao de turno. Es un ciclo perfecto de turismo activo y desconexión que engancha a cualquiera.
Un consejo: si vas a unirte a cualquier celebración asturiana este verano, recuerda que la sidra se bebe de trago (el culín) justo después de ser escanciada, y nunca se apura el vaso del todo; se deja un poquitín para limpiar por donde has bebido, ya que el vaso se suele compartir entre amigos.
Asturias en verano es un estado mental. Es olvidarse de las prisas, aceptar que puede caer un orbayu (la típica lluvia fina) en mitad de la tarde y seguir bailando igual con el chubasquero puesto. Si buscas unas vacaciones auténticas, búscasuele cote un buen prao, una buena compañía y déjate llevar por el ritmo del norte.







