
Los mexicanos recogieron el concepto de fonda española y lo adaptaron a su realidad. Así, una fondita es un pequeño restaurante familiar donde se cocina como en casa. Son espacios sencillos pero llenos de sabor, donde el producto fresco, las recetas tradicionales y el ambiente cercano son protagonistas.
Paloma recoge esa esencia y la traslada a Barcelona: un lugar sin pretensiones donde se sirven platos llenos de carácter, preparados con ingredientes de calidad y un profundo respeto por la gastronomía mexicana más auténtica. Aquí no solo hay tacos y enchiladas (que también), sino que la carta nos invita a recorrer todo el país centroamericano.
Nada más llegar te recibe Ricardón, con una sonrisa enorme y con ganas de explicarte al detalle el concepto, los platos y cualquier anéctoda de su país. Una pieza clave para transmitir la esencia de la fondita mexicana, animándote a comer con las manos y con la masa de maíz como plato.
Detrás de este proyecto está Paloma Ortiz, chef mexicana formada en el Instituto Culinario de México y con experiencia en algunas de las cocinas más destacadas relacionadas con la gastronomía mexicana en Barcelona (el restaurante Oaxaca entre ellos).
Después de años de aprendizaje en cocinas y mercados internacionales, Ortiz decidió crear un lugar que transmitiera la esencia de su país a través de la comida. El resultado es Paloma Fondita Mexicana, un espacio donde tradición, técnica y creatividad se mezclan en cada plato.
El proyecto también cuenta con el impulso del restaurador Kim Díaz, conocido por otros establecimientos emblemáticos de la ciudad como el Bar Mut o Bodega Solera.
La propuesta gastronómica de Paloma se inspira en recetas tradicionales de diferentes regiones de México, desde Baja California a Ciudad de México, pasando por Sinaloa o Oaxaca, reinterpretadas con sensibilidad utilizando también producto local. Una carta pensada para compartir.
En materia de entrantes, entre los platos más representativos encontramos el guacamole con totopos de maíz azul (que no nachos), pico de gallo y chicharrones, para darle un toque aún más crujiente. También el aguachile (típico de Sinaloa) de lubina a la sal, fresco y vibrante, con rábano, pepino, cilantro, cebolla y tostada invertida de maíz. Y la jaiba de concha suave en Pipián, un cangrejo crujiente que se come todo, con mole (uno de los puntos fuertes del local es la variedad de moles que ofrecen) y txangurro. Una receta made in Oaxaca.
Tras los entrantes, llegan los antojitos. Probad la gordita de suadero con queso de Oaxaca elaborado en el Bages con la receta de la misma chef. Y, por supuesto, alguno de sus tacos. Nosotros optamos por el finísimo de papada cocida a baja temperatura con mole almendrado (otro mole para la colección) y el de camarón gobernadora, con langostinos hechos a la brasa.
Cada plato busca transportar al comensal a la cocina mexicana real, aquella que combina tradición, ingredientes intensos y técnicas transmitidas de generación en generación. Hay platos como el chamorro pibil, un codillo que es su particular versión de la cochinita pibil y el pollo picantón con mole negro oaxaqueño. Un viaje profundo entre lo dulce, lo ahumado y lo picante, cuyo mole tarda dos días en cocinarse, a fuego lento, con mole de la sierra norte, un mole muy peculiar y cuya receta es herencia de la abuela de la chef.
Para acompañar los platos encontramos tres salsas, las tres muy picantes pero con matices diferentes. La primera, con tomate, chile de árbol y chipotle, resulta más sedosa y dulce; la segunda de habanero, directa y profunda; y la tercera, la macha, muy rica pero ‘traicionera’ puesto que el picante llega a tu boca al cabo de un rato.
Si tras todo esto, todavía hay hambre, la Fondita nos ofrece flan casero de queso y helado de queso de cabra y cheesecake de elote. Los dos buenísimos.
La barra de Paloma es otro de sus puntos fuertes. En su carta se pueden encontrar clásicos de la coctelería mexicana como la margarita, la michelada, las mezcalitas y el cóctel Paloma elaborado con tequila, lima y refresco de pomelo, además de combinados con mezcal, tequila y cítricos que acompañan perfectamente la propuesta gastronómica.
Además, la carta se ampliará en los próximos días con propuestas tan originales como el cóctel con base de mezcal infusionado con totopos, sal de cilantro e infusión de tomatillo con nopales; y otro de ginebra con guanabana, cítrico con toques florales.
Paloma no solo destaca por su propuesta gastronómica, también por el ambiente que acompaña la experiencia. El restaurante busca recrear el espíritu de las tradicionales fonditas mexicanas, espacios cercanos y sin pretensiones donde la comida, la cultura y la hospitalidad van de la mano.
La decoración, los colores y los detalles del local evocan el México cotidiano y auténtico, alejándose de los estereotipos para ofrecer un entorno cálido y acogedor. Aquí, compartir mesa se convierte en una forma de descubrir la riqueza cultural y gastronómica del país.
Nada más entrar, te recibe una barra, el lugar perfecto en el que iniciarte en Paloma Fondita, tomándote algo o compartiendo unos antojitos a modo de picoteo. Y después, tras traspasar una cortina con los colores de la bandera mexicana, llega la sala, alargada.
En este sentido, seguro que te sorprenderá encontrarte, dentro de este ambiente, con mesas y sillas de dinner norteamericano. Y es que anteriormente el Paloma Fondita era un burger, Kim Burger, y quisieron mantener parte de su vida anterior. También aprovecharon su suelo, con unos huecos de cristal donde ahora encontramos: uno dedicado al Día de los Muertos con Playmobils y otra al santo Jesús Malverde.
En una ciudad tan diversa como Barcelona, Paloma Fondita Mexicana se ha convertido en un lugar donde disfrutar de sabores tradicionales mientras se vive una experiencia que celebra la esencia de México. ¡Qué viva por muchos años!
¿Dónde? Bonavista, 21
¿Cuándo? de martes a jueves de 19h a 00h
Viernes y sábados de 13h a 00h
Precio medio: de 35 a 50€
Más información: Paloma Fondita







