En Grasshopper Ramen Bar no hay mesas ni sillas, sólo una barra larga y baja en la que caben unas 15 personas aproximadamente. La barra es de madera y va acompañada de unos pequeños taburetes, por lo que no recomendaríamos este local para grupos grandes. No obstante, y a pesar de que el espacio no sea lo más cómodo del mundo, se agradece que la barra no esté a la altura misma de la cocina para poder charlar así con mayor tranquilidad.
Por lo que respecta a la carta, encontramos cuatro tipos diferentes de ramen: el Shio (caldo condimentado con sal), el Shoyu (con salsa de soja), el Miso (a base de pasta de miso) y el Veggie Miso (sin proteína animal). Cada plato de ramen viene ya con su ración de cerdo, huevo, bambú, alga nori y cebolleta, pudiéndole añadir una ración extra de lo que prefieras; también puede ser un extra de fideos, aunque las raciones ya son generosas. Y para picar mientras esperamos el ramen, hay gyozas (como las que podréis ver en las fotos), caballa frita, tofus acompañados de col o shitake y donburi de berenjena tempurizada. En el apartado de las bebidas, también reside una de les especialidades del local, dado que, al igual que el Mosquito, el Grasshopper Ramen Bar hace de las cervezas artesanas su principal seña de identidad. Y como sus hermanos mayores, Grasshopper ofrece una excelente relación calidad-precio, pudiendo comer por unos 12 euros aproximdamente. Si eres fan del ramen no puedes perdértelo y si no lo has probado nunca, tampoco.









