Con una decoración funcional y nada ostentosa, de líneas rectas y colores oscuros, Malgam cuenta con un amplio espacio donde tienen cabida todos los gustos. De este modo, encontramos grandes mesas para grupos, otras más pequeñas con luz ténue perfectas para comidas o cenas más íntimas y otras más informales para tomar una copa o degustar algunas de sus tapas de manera informal.
Como decíamos, su carta se basa en el producto fresco y de proximidad para crear tapas y platos principales que siguen las líneas originales de la cocina mediterránea, sin olvidar sin embargo, la mezcla y la fusión. De este modo, y como podéis apreciar en las imágenes, cuentan con un amplio surtido: brochetas de langostino con salsa de parmesano, de morcilla con salsa chimichurri, brie rebozado con mermelada, mini hamburguesitas, foie (¡qué no falte!) con tostaditas de cereales… Y también sus patatas bravas, marca de la casa, y que estamos deseando probar cuando regresemos. En cuanto a los platos principales destacan la pasta, los risottos, las carnes y los pescados. Nosotros nos decantamos por el solomillo Wellington (delicioso y en su punto) y por un bacalao con pimiento y mousse de allioli.
Y que decir de los postres… Con una estupendísima tarta de Santiago, un milhojas de crema catalana…
















